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Las drogas y sus efectos

La utilización de drogas se ha vuelto cada vez más común y por lo tanto los problemas implicados son más graves y de mayor envergadura. 


Generalmente, la población más propensa al uso indiscriminado de drogas es la juventud y nuestras sociedades se han dedicado a recriminarlos sin darse cuenta que parte de la solución es la educación de la que carecen.

Una de las drogas más adictivas es la necesidad que sienten y tienen los adultos (se les presupone madurez) para crear la adición de los niños a imitar comportamientos que en lo general se consideran los adecuados y a desterrar los comportamientos, que en general, se consideran inapropiados. Se les proporciona dosis diarias de "esto está bien y esto está mal", cerrando puertas a que sean ellos mismos los que valoren lo que está bien y lo que está mal. La valoración de un cachorro humano en sociedad es muy importante. Su mente dispuesta a conocer y a aceptar cualquier explicación, aún no se ha corrompido ni ha creado comportamientos basados en creencias inamovibles. Dígamos que está sano.

Si mantenemos la actitud de crear humanos que no han aprendido a valorar por ellos mismos lo que es bueno y lo que es malo, ¿Por qué esperamos que cuando salen del "dulce hogar" si sean capaces de valorar por si sólos que una droga es mala? ¿Quién se ha dedicado a entrenarles a pensar, dudar, argumentar y decidir con responsabilidad algo como "Eso, lo haga quien lo haga, es malo para mí"?

La falta de capacitación en los niños para que participen en la toma de decisión de aquellas cosas que van a influir en su vida es la consecuencia de que aparezcan adolescentes que siguen las tendencias de otros que ya han decidido por ellos. Fabricantes de actores, de cantantes, de éxito a los 20 años, de ropa y estilo, de mitos sexuales ya han decidido por ellos (normalmente adultos que se consideran maduros)

Nuestros adolescentes están en el mercado. Son, a pesar de que muchos padres ven a sus hijos como iconos de le perfección, intocables y rodeados de una aureola mayor que la de cualquier realeza pre-jacobina, ovejas adiestradas para pastar el tipo de hierba que haya. La gran mayoría, no está -ni se espera que lo esté- preparada para construirse desde dentro y retar al mercado.

El enemigo no es la droga, ni la velocidad, ni el paro. El enemigo es la falta de formación no académica. Nos falta ayudarles a conocer qué es la toma de conciencia de uno para si mismo. La actitud responsable. Saber tener responsabilidad (responder con habilidad) y destreza para subsanar decisiones tomadas por otros que, sí le gustan a los otros pero, que no me gustan a mí.

Nos asusta que se droguen porque la consecuencia puede ser fatal. Pero no nos asusta no respetarlos desde que nacen y darles el valor de ser ellos mismos. Les damos la vida, pero luego no sabemos darles la libertad, la conciencia y la capacidad de tomar decisiones responsables.

Trabajemos para evitar la droga, de acuerdo. Pero trabajemos para más cosas que hay que hacer antes de que llegue la droga.